Mar 09

O pasado 26 de febreiro, o xornal El País publicou un editorial xustificando a actitude de Rosa Díez na xa célebre entrevista concedida a Iñaki Gabilondo. Daquela, como fixeron outros moitos cidadáns, eu escribín unha carta ao xornal protestando polo texto. Envieina como carta ao director e como nota de protesta á Defensora do Lector, sendo que foi esta quen o último domingo publicou a resposta en nome do xornal, na cal cita un extracto do meu texto.

Pola miña parte, considero que a actitude da Defensora do Lector constitúe unha reparación -na medida do posible- do desatino cometido anteriormente por ese medio, polo que me dou por máis que satisfeito. Pero como resulta que algúns amigos se sorprenderon ao ver a mención a unha carta miña cuxa existencia descoñecían, ofrézolla agora integramente. O texto está en español, pois non pretendín dar a menor escusa para alegar incomprensión.

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Estimada Defensora del Lector:

Me dirijo a Vd. para manifestarle mi más absoluta repulsa por el editorial “El resbalón de Rosa Díez”, publicado en su diario el día 26 de febrero. En el texto, se justifica la actitud de la Sra. Díez con argumentos que, en vez de rebajar el tono de las ofensas recibidas por todos los gallegos, contribuyen a agravarlas.

Veamos. La Sra. Díez manifestó, en la referida entrevista, que Zapatero “podría ser gallego en el sentido más peyorativo del término”. De hecho, es una actitud reincidente ya que cuatro meses antes había utilizado idénticas palabras para referirse al presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo. De las palabras de la Sra. Díez se colige, sin margen para la duda o la ambigüedad, que el término gallego posee más de un sentido peyorativo, de entre los cuales se escoge el más bajo para caracterizar al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero. Pues bien, este que a Vd. se dirige es, además de gallego de patria y de residencia, licenciado en filología hispánica con especialidad en gallego-portugués, y le aseguro que entre mis conocimientos lingüísticos no constan tales acepciones peyorativas de la palabra que da nombre al pueblo del que formo parte.

Y con esto llegamos a la parte más lamentable del editorial que motiva esta misiva. Cito textualmente: Rosa Díez aclaró ayer mediante un comunicado lo que seguramente muchos telespectadores entendieron a la primera”. Esta argumentación implica la asunción de que los prejuicios sobre los gallegos están tan arraigados en la mente de la Sra. Díez como en la del Sr. Gabilondo o en la de la mayoría de los telespectadores del canal Cuatro que transmitió la entrevista. Solo así se explica que el entrevistador no pidiese una explicación sobre el sentido aludido por la entrevistada y que ahora su diario asuma igualmente como natural una expresión abiertamente ofensiva para todo un pueblo. En otras palabras, les ha quedado a Vdes, peor la enmienda que el soneto, pues si la actitud de la Sra. Díez fue inaceptable y la del Sr. Gabilondo en el menos malo de los casos negligente, con este editorial el diario EL PAÍS le añade a todo ello el plus de la infamia y la iniquidad premeditadas.

Lo cierto y verdad es que la Sra. Díez no ha pedido disculpas a los gallegos ni siquiera con la boca pequeña, sino que se ha limitado a solicitar que practiquemos el sentido del humor. Ignora esta señora diputada que esa es una cualidad muy frecuente en nuestra tierra, pero no tenemos por costumbre aplicarla cuando nos es solicitado, sino cuando vemos motivo para ello. E, ignorantes como somos, aún no hemos alcanzado a comprender cuáles son los demás sentidos peyorativos de la palabra gallego, ahora que la Sra. Díez ha tenido a bien aclararnos que el “más peyorativo” es ser reservado. ¿Cuál será el segundo más peyorativo, me pregunto:ignorante o quizás artero, tartamudo o acasotonto, patán o quién sabe si desconfiado? Tal vez su diario, que comparte y justifica laweltaanschaung de la Sra. Díez sobre nosotros los gallegos, pueda aclarárnoslo, hecho que créame el agradecería inmensamente –y estoy seguro de que, como yo, otros muchos gallegos.

En mi tenaz batalla contra la ignorancia derivada de mi condición de gallego, me asalta la duda sobre cuál habría sido la reacción de este mismo medio de comunicación si un personaje público pronunciase expresiones prejuiciosas como “podría ser una zorra en el peor sentido del término”, “podría ser un gitano en la peor acepción de la palabra” o “podría ser un judío en el más vil sentido de la expresión”. Imagino que tal cuestionamiento por mi parte responde al carácter desconfiado que, como gallego, poseo.

En fin, de bien poco sirve que la Real Academia Española acceda a retirar las acepciones peyorativas del término “gallego” en la próxima edición de su diccionario de referencia, si en las mentes de los líderes de opinión y de los medios de comunicación que se dicen al servicio de la sociedad e incluso progresistas se sigue cultivando y fomentando el uso de los prejuicios más injustificables e injustos.

Atentamente,

Filipe Antonio Fernández Diez.

A Coruña (Galiza), a 26 de febrero de 2010.
DNI: xx.xxx.xxx-X